Nada sin Dios 9/10
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- Categoría: D. Valentín Aparicio Lara
La misión del sacerdote es poner en el centro del mundo a Dios. Don Valentín nos ayuda a profundizar en el misterio del amor de Dios que nos quiere regalar su propia vida divina. El amor busca ser correspondido y no hay mayor sufrimiento que cuando es rechazado. El sacerdote que quiere llevar el amor de Dios al mundo primero ha de estar lleno de ese amor él mismo. Tampoco se trata de hacer muchas cosas sino de hacer lo que Dios quiere de nosotros, esa es la clave de la santidad.
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En cuanto dejamos de lado a Dios y ponemos por encima de Él los trabajos y preocupaciones que nos rodean, todo esto termina por ensordecer la voz de Dios y nuestra mirada se vuelve solamente humana, perdiendo de vista nuestro fin último: el Cielo. Esto es peligroso para todos, pero si un sacerdote cae en esto, acabaría poco a poco descuidando su ministerio y dedicándose al mundo como un trabajador más. D. Juan José Segarra Gómez, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia, nos advierte de este peligro y de otro aún peor: el doble lenguaje. El sacerdote no puede dejarse llevar por las modas o la presión social. A lo que es «sí» debe decir «sí» y a lo que es pecado debe llamarlo como tal, sin rebajar sus consecuencias.
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