A través de la confianza
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- Categoría: D. Miguel Ángel Catalán
D. Miguel Catalán nos habla del sacerdote como hombre de moral, integridad e indicación, pero —a la vez— misericordioso en el ejercicio del sacramento de la Reconciliación. Nos recuerda que, antes de buen confesor, se debe ser buen penitente. Por eso, el sacerdote debe ser el primero que vive el perdón en sí mismo, facilitando el acceso a él a todos los feligreses.
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En cuanto dejamos de lado a Dios y ponemos por encima de Él los trabajos y preocupaciones que nos rodean, todo esto termina por ensordecer la voz de Dios y nuestra mirada se vuelve solamente humana, perdiendo de vista nuestro fin último: el Cielo. Esto es peligroso para todos, pero si un sacerdote cae en esto, acabaría poco a poco descuidando su ministerio y dedicándose al mundo como un trabajador más. D. Juan José Segarra Gómez, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia, nos advierte de este peligro y de otro aún peor: el doble lenguaje. El sacerdote no puede dejarse llevar por las modas o la presión social. A lo que es «sí» debe decir «sí» y a lo que es pecado debe llamarlo como tal, sin rebajar sus consecuencias.
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