Mis manos están consagradas
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- Categoría: D. Salvador Romero
D. Salvador Romero, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia (España), no recuerda haber reflexionado durante su infancia y juventud sobre la posibilidad de ser llamado por Dios para ser sacerdote. De hecho, por diversas circunstancias, pero en especial por la atracción del mundo, acabó alejado de la Iglesia durante un tiempo. Hoy, tras catorce años de sacerdocio, D. Salvador Romero solo da gracias a Dios por haberle elegido, convencido de que el único sentido de su vida es ser instrumento para que Cristo pueda llegar a las almas a través de los sacramentos, especialmente el de la Sagrada Eucaristía.
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La Santa Misa, la adoración al Santísimo Sacramento, el Rosario y la confesión frecuente son el alimento espiritual del sacerdote. El P. Matthew Nobrega, Siervo del Hogar de la Madre, advierte que, sin este alimento, el sacerdote corre el riesgo de perderse y ser absorbido por la actividad diaria, terminando por actuar movido solo por rutina. Nos habla de su experiencia como párroco y comparte algunos recursos que él utiliza para cuidar su vida espiritual y la de su comunidad, para asegurar que siempre se haga primero la voluntad de Dios.
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